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miércoles, 25 de noviembre de 2015

UNIDAD I

RELACIONES INTERPERSONALES Y SEXUALIDAD

Relaciones interpersonales
Identidad
Alteridad
¿Que es la interacción humana?
Finalidades de las interacciones humanas
Libertad, heteronomía, y autonomía
Voluntad de vivir
Conocimiento de las fuentes de sentimientos y acciones
Circunstancias
Manejo de emociones

Sexualidad
Placer
Amor
Integridad de la persona
Reproducción e incremento poblacional
Aceptación (por parte de otros)
Identidad



¿SABÍAS QUÉ ES LA IDENTIDAD Y LA ALTERIDAD?
Identidad


La identidad es el resultado del proceso que distingue a un ser humano de sus semejantes, y que tiene como punto de partida la asimilación individual y la interacción social; es decir, la convivencia que surge en la familia o en la escuela, así como la influencia de los medios de comunicación o actualmente de las redes sociales. Se caracteriza por ser la conciencia que una persona tiene de sí misma y que la hace diferente al resto de las demás. La identidad es la imagen que tenemos de nosotros mismos como personas únicas, con habilidades, conocimientos, preferencias y carácter propios pero que, al mismo tiempo, nos permite reconocernos como integrantes de uno o varios grupos. 

La identidad individual se integra por componentes tales como el temperamento, el talento, la disponibilidad de roles, los valores y las amistades, entre otros. Por otra parte la identidad sociocultural se define como la forma en que los miembros de un grupo consideran como propios los componentes culturales de su sociedad y su historia. Se conforma por los valores, las tradiciones, las creencias, los símbolos y las conductas aceptadas en un conjunto social, lo que hace que se genere y funde un sentimiento de pertenencia.  

De igual forma la identidad sociocultural está conformada por otras identidades (como la individual) y ciertos elementos institucionales que se perciben considerando la ocupación, la escuela, los institutos políticos, la familia, el genero, el espacio geográfico, la lengua, los valores, etc. de esta forma se hace auténtica esa identidad, y se defiende y salvaguarda la particularidad del grupo. Tampoco debemos olvidar que la esencia de dicha identidad radica en que existe la diferencia: somos diferentes pero yo no existo sin el otro.


Alteridad


De acuerdo con la RAE, la alteridad se define como "la condición de ser otro". Etimológica mente proviene del latín alter mismo que a su vez tiene origen en eteros que comprende diversos significados: lo otro, uno dos, uno de dos, uno; el segundo término significa lo semejante o análogo: lo diferente,contrario, opuesto, lo malo, perverso.

La alteridad es un principio filosófico que consiste en alterar o modificar la perspectiva individual, es decir, la propia, por la de otra persona. Para lograrlo,es necesario tomar en cuenta las ideas, el punto de vista, la forma de ver el mundo y los intereses del otro. Un rasgo esencial de este concepto es que no debe estimarse nuestra percepción como la única y la verdadera; en otras palabras, consiste en ponerse en el lugar del otro para poder comprenderlo, haciendo a un lado nuestros sentimientos e ideas.

La alteridad no solo puede localizarse en el aspecto individual sino también en los ámbitos social y cultural, siendo parte sustancial de las relaciones en estos terrenos. Pero, ¿cómo percibimos la alteridad en la vida cotidiana? La alteridad está presente en el momento que nos relacionamos con los demás; es decir, cuando interactuamos creamos imágenes de las personas con las que convivimos pero poniéndonos en su lugar. Esta idea consiste en percibir al otro desde el enfoque que este mismo se descubre, logrando así conocer con mayor certidumbre a la otra persona y entenderla mejor. En la alteridad nos desprendemos de nuestra propia ideología e intereses para comprender la situación del otro, sin que exista empatía.  




RELACIONES INTERPERSONALES

Tristemente dichos comportamientos solo contribuyen a que el individuo confirme que su entorno le es desfavorable, ya que alejará a los demás o recibirá violencia como respuesta.

El padre es importante para el desarrollo del sí mismo. Aún en su ausencia, la figura paterna le muestra al niño que mamá no es de su propiedad, sino que lo comparte con él y que todos forman una familia. Si el padre biológico no está presente en la vida del pequeño este rol puede estar ocupado por otra persona incluso por el empleo de la madre, pues es a través del empleo que el niño comprende que su madre no es exclusivo de él, sino que debe realizar otras ocupaciones. 

A partir de esto en que el niño entiende que su madre también atiende otros aspectos de su vida y que él deberá esperarla, es como se forma la figura de autoridad. Si la mamá coloca al hijo por encima de todo entonces no se está formando la autoridad y esto representará un gran inconveniente para que el niño mantenga una sana relación con su medio, no sabrá seguir reglas y tendrá confrontaciones fuertes con sus padres, maestros y demás autoridades.

Cuando los niños comienzan a relacionarse con otros, en la escuela principalmente la cual favorece la socializan pueden compararse y obtener otros marcos de referencias para sus actitudes y conductas, así enriquecen el desarrollo de su sí mismo.  La convivencia se vuelve fundamental en la obtención de habilidades para la vida gracias al aprendizaje que dejan las experiencias vividas en compañía de otros.


¿QUE ES LA INTERACCIÓN HUMANA?

Las mayores influencias que tenemos en nuestro contexto social comienzan en la familia, después la socialización se realiza en la escuela y, de ahí, en el grupo de amigos y la pareja. En estos núcleos comenzamos a establecer interacciones. 

De acuerdo con la RAE una interacción "es una acción que se ejerce recíprocamente entre dos o mas objetos,agentes, fuerzas y funciones". En este caso los objetos o agentes, por llamarlos de alguna forma son las personas. La interacción social es una necesidad humana que consiste en el comportamiento comunicativo global de los individuos relacionados entre sí. A través de este comportamiento se establece una influencia mutua y los involucrados adaptan su comportamiento frente a los demás, y es gracias a ellos que podemos convivir. 

Tal interacción es inevitable, es decir, todos los días la establecemos en situaciones tan comunes como cuando platicas con tus compañeros y tu docente en clase, al chatear, al enviar mensajes a través del celular, al responder comentarios en alguna red social, al bailar, al practicar un deporte en equipo, entre muchas otras. 

Tengamos presentes que las relaciones interpersonales pueden surgir ciertas inconformidades o desacuerdos debido a las diferentes formas de pensar, a nuestras creencias religiosas, ideologías políticas, intereses, etc. pero debemos tener presente que cuando surgen estos conflictos debemos tomar en cuenta valores como el respeto, la tolerancia, la equidad y la justicia, entre muchos otros.

Una A para la señora B 

Yo estaba sentada junto a Missy en nuestra clase de historia universal de noveno grado cuando la señora Bartlett anuncio un nuevo proyecto. En grupos teníamos que crear un periódico sobre la cultura que estábamos estudiando.

En un pedazo de papel escribimos los nombres de tres amigos que quisiéramos que estuvieran en nuestro grupo. Después de recoger las solicitudes, la señora B nos informó que tomaría en cuenta los nombres que habíamos elegido y que nos diría el resultado el día siguiente. Yo no tenía ninguna duda de quedar en el grupo de mi elección. Solamente había unas pocas personas decentes y sociables en el salón, y Missy era una de ellas. Sabía que ambas nos habíamos elegido. Esperé con ansia la clase del siguiente día. Después de sonar la campana, Missy y yo dejamos de hablar cuando la señora B pidió que pusiéramos atención. Ella empezó a decir los nombres. 


Cuando llegó al grupo número tres, dijo el nombre de Missy. "Entonces, estoy en el grupo tres", pensé. Mencionó al segundo, tercero y cuarto miembros del grupo. Mi nombre no estaba incluido. ¡Tenía que haber un error! finalmente lo escuché. El último grupo.

-Mauro, Juliette, Rachel, Karina.

Podía sentir las lágrimas en mis ojos. Cómo podría soportar estar en ese grupo: un chico que apenas hablaba el idioma, una chica que siempre llevaba faldas hasta los tobillos, y la otra que siempre vestía con ropa rara. ¡Ah!, con qué desesperación deseaba estar con mis amigos. Intenté controlar las lágrimas mientras me acercaba a la señora B. Ella me miró y sabía por qué estaba ahí. Estaba decidida a convencerla de que yo debería estar en el grupo de los "buenos".

-¿Por qué a mí? - empecé a decir.
Ella puso su mano en mi hombro con amabilidad.
-Sé lo que quieres, Karina -me dijo-, pero tu grupo te necesita. Necesito que los ayudes a sacar buena calificación en esta tarea. Sólo tú puedes ayudarlos. Estaba aturdida. Me sentía humillada. Sorprendida. Ella había visto algo en mí que yo no había notado.

- ¿Los ayudarás? –me preguntó. Enderecé mi cuerpo.
-Sí-le respondí.

No podía creer lo que había dicho, pero lo hice. Me habla comprometido. Mientras me acerqué valientemente hacia donde estaban sentados los otros de mi grupo, pude escuchar que mis amigos se reían. Tomé asiento y empezamos. Se asignaron diferentes columnas periodísticas de acuerdo con el interés de cada uno. Nosotros hicimos investigación. A media semana descubrí que disfrutaba la compañía de esos tres inadaptados. No había necesidad de fingir nada, en verdad me sentí interesada en conocer algo sobre ellos.

Descubrí que Mauro luchaba por aprender el idioma y para tener amigos. Juliette también estaba sola porque la gente no comprendía que su religión sólo le permitía usar faldas largas o vestidos. Rachel, que había pedido hacer la columna de modas, quería ser diseñadora de modas. Tenía una gran cantidad de ideas únicas.

¡Todo lo que aprendí al ponerme en los zapatos de otras personas! Ellos no eran inadaptados, sino personas a las que a nadie le interesaba intentar comprender; excepto por la señora B. Su intuición, visión e interés lograron sacar a flote el potencial de cuatro de sus estudiantes.

No recuerdo cuál era el encabezamiento de periódico, ni siquiera sobre qué cultura escribimos, pero aprendí mucho esa semana. Se me dio la oportunidad de ver a las personas desde otro punto de vista, así como la oportunidad de descubrir en mí un potencial que inspiró mis acciones en años posteriores. Aprendí que quienes somos es mucho más importante que lo que somos o parecemos ser.


 FINALIDADES DE LAS INTERACCIONES HUMANA

Como se ha mencionado anteriormente, las relaciones interpersonales aportan elementos importantes para el desarrollo de la estructura del sí mismo, sobre todo en la edad escolar y en la adolescencia. Al interactuar con la gente vemos nuestro reflejo en ella, es decir, podemos reconocerlas como personas que tienen vivencias parecidas a las nuestras y que posee virtudes y comete errores también. 

Hay algunas personas que se vuelven modelos para nosotros ya que muestran cualidades que admiramos y que consideramos no nos sería fácil adquirirlas. Así que a veces podemos preferir a quienes pueden aportarnos aquellas virtudes que sentimos que nos faltan, o que a través de su trato podremos saber como ser parecidos a ellos.

En esa interacción es posible encontrar referencias de personalidad y también elementos de compañía, comprensión y contención emocional. 

El grupo social de referencia en el que nos involucramos, por lo regular nos provee de aquellos componentes con los cuales nos hacemos parte de un todo mayor que favorece nuestro desarrollo emocional. El grupo de amigos, sobre todo en la adolescencia, nos aporta sensaciones de pertenencia, y es dentro de este que nos sentimos comprendidos y acompañados en nuestro proceso de crecimiento. El intercambio de ideas, pensamientos y reflexiones acerca de la vida, posibilita que el individuo tenga una visión tan amplia como personas conozca, sobre todo si estas provienen de diferentes contextos. A través de las interacciones humanas podemos descubrir opciones diferentes para desarrollarnos en la vida: puntos de vista distintos acerca de los temas relevantes, la posibilidad de tomar caminos diversos para nuestro desenvolvimiento profesional o vivir relaciones amorosas que enriquecerán nuestro desarrollo emocional.

Además de todo lo anterior, las interacciones humanas nos confrontan acerca de aquello que aún no hemos resuelto en nuestra vida: tristezas, heridas, duelos, enojos. Al conocer y relacionarnos con muchas personas, nos enfrentaremos a conductas y actitudes diferentes que nos llevarán a la primera referencia (la primera persona) que las tenía y eso puede facilitarnos sanar lo que duela siempre y cuando aceptemos el reto y soltemos aquella emoción, dándonos la oportunidad de aceptar a otras personas con esas características, reconociendo que también son singulares. Cualquier herida emocional puede sanarse, sólo se tiene que admitir, enfrentar y soltar.

LIBERTAD, HETERONOMÍA Y AUTONOMÍA

LA LIBERTAD: es la capacidad de la conciencia para  pensar y obrar según la  propia voluntad. Permite al ser humano decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos. Pues la libertad  implica una clara opción por el bien y el mal.

La libertad implica responsabilidad, siempre debemos responder por nuestras acciones y omisiones. Y es la libertad desde donde optamos por seguir las reglas sin objetarlas o cuestionarlas para incorporarlas a nuestro sistema de valores.
HETERONOMIA: Se refiere a la acción que está influenciada por una fuerza exterior al individuo, considerando tal acción como "no moral" (ni moral ni inmoral). Es decir, el caso en que la voluntad no está determinada por razón del sujeto, sino por lo ajeno a ella (la voluntad de otras personas, las cosas del mundo, la sensibilidad, la voluntad divina, etc...).

En fin, es el hecho de que otra persona tome decisiones que corresponden a un individuo, es decir que no es el individuo propiamente quien toma sus decisiones sino que son intervenidas.


AUTONOMÍA: es un concepto moderno, procedente de la filosofía y,  mas recientemente de la psicología, que en ternimos  expresa la capacidad para darse reglas a uno mismo o tomar decisiones sin intervención ni influencia externa. Se opone a heteronomía. 

La autonomía se refiere a la independencia que el sujeto puede llegar a alcanzar, siendo el resultado de un proceso de maduración, lo cual es necesario para su buen desarrollo integral.




LA ELECCIÓN Y LA DECISIÓN

En cada decisión hay siempre implicada una elección previa; y precisamente porque la elección sostiene -pero no fundamenta una decisión, ésta se propone como la condición para que podamos asignar o atribuir responsabilidad a una conducta. El sujeto moral se convierte en un ente responsable cuando elige: no es responsable de sus decisiones sino de las elecciones previas. Las "decisiones" que toma suelen ser meras coartadas. Por eso es muy habitual que el individuo encubra su responsabilidad por medio de ellas; y que no aprobemos (o condenemos) a alguien por lo que escoge o lo que prefiere o lo que busca sino solo por lo que decide. En cambio, somos muy indulgentes con las elecciones. La razón nos dicta la misma tolerancia que se practica con relación al gusto porque la elección -como el gusto - es siempre válida. Todas las elecciones son correctas. Sin embargo, tendemos a no revelarlas y preferimos ser juzgados por lo que hemos decidido, pese a que, en rigor, muy pocas veces se decide algo.


Una historia que contar

El asunto estalla a raíz de una boda, la de los futuros padres de Aquiles, gran héroe griego él también y uno de los protagonistas más famosos de la guerra de Troya. Como en el cuento de la bella durmiente del bosque, se “olvidaron” de invitar, si no a la bruja mala, al menos a la que aquí desempeña ese papel, a saber, Eris (Diosa de la Discordia). Es que a decir verdad de buena gana prescindirían de ella en ese día de fiesta: todo el mundo sabe con seguridad que allá donde va todo se agría, que el odio y la ira prevalecerán sobre el amor y la alegría. Por supuesto, Eris acude a la invitación que no le han hecho con la firme intención de sembrar el desorden en los esponsales. Ya sabe cómo conseguirlo: sobre la mesa donde los jóvenes esposos festejan su enlace, rodeados para la ocasión de los principales dioses del olimpo, arroja una magnifica manzana de oro en cuya superficie hay grabada una inscripción bien legible: “A la más bella”. Como podía esperarse, las mujeres presentes exclaman a una sola voz: “¡Entonces es para mí!”. Y el conflicto se introduce lento pero seguro y acabará desencadenando la guerra de Troya.

He aquí de qué manera:

Alrededor del banquete toman asiento tres diosas sublimes, las tres próximas a Zeús, el rey de los dioses. Primero está Era (en latín Juno), su divina esposa, a la que nada puede negar. Pero también está su hija predilecta Atenea (Minerva), y su tía Afrodita (venus), la diosa del amor y de la belleza. Desde luego, la previsión de Eris se cumple y las tres mujeres se disputan la hermosa manzana. Zeus, como cabeza de familia sagaz, se abstiene de tomar parte en la disputa: sabe demasiado bien que al elegir entre su hija, su esposa y su tía se dejará en ello su tranquilidad… Además, debe ser justo y, decida lo que decida, aquellas que haya dejado de lado le acusarán de prejuicio. Así púes envía a su fiel mensajero, Hermes, a buscar discretamente a un joven inocente que juzgue a las tres beldades. A primera vista, se trata de un pastorcillo troyano, pero en realidad este muchacho no es otro que Paris, uno de los hijos de Príamo, rey de Troya. Paris fue abandonado por sus padres tras su nacimiento porque un oráculo había predicho que provocaría la destrucción de su ciudad. Pero, un pastor se apiada del bebé, lo recoge y lo educa hasta que se convierte en el hermoso adolescente que es ahora. Bajo la apariencia de un joven campesino se esconde, pues, un príncipe troyano. Con la ingenuidad de la juventud, Paris acepta desempeñar el papel de juez.

Para atraer sus favores y ganar la célebre “manzana de la discordia”, cada una de las mujeres le hace una promesa que corresponde a lo que ella misma es. Hera, que reina al lado de Zeus en el imperio más grandioso, ya que se trata del universo entero, le promete que si la elige dispondrá él también de un reino sin igual en la tierra. Atenea, diosa de la inteligencia, de las artes y de la guerra, le garantiza que si ella es elegida, saldrá vencedor de todas las batallas. En cuanto a Afrodita, le dice al oído que con ella podrá seducir a la mujer más hermosa del mundo… Y paris, por supuesto, elige a Afrodita. Ahora bien, ocurre que para desgracia de los hombres la criatura más hermosa del mundo es la esposa de un griego, y no de cualquiera: se trata de Menelao, el rey de la ciudad de Esparta, ciudad guerrera donde las haya. Esta joven se llama Helena… Eris ha logrado su objetivo: la guerra entre troyanos y griegos se desencadenará unos años más tarde debido a que un príncipe troyano, Paris, hechizado por Afrodita, le robará la bella Helena a Menelao. 


Cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera a pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sabiendo que éste es más fuerte que él y que probablemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico valiente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿No hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera? ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil? 


Héctor, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizá sus conciudadanos le llamasen cobarde y le tuviesen por un caradura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. 


Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales (y no digamos ya los minerales o las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, desde luego, los hombres también estamos programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos impone desde fuera y que no hemos inventado para nuestro uso personal) y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas... en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles. Por ejemplo, Héctor, ese del que acabamos de hablar. Su programación natural hacia que Héctor sintiese necesidad de protección, cobijo y colaboración, beneficios que mejor o peor encontraba en su ciudad de Troya. También era muy natural que considerara con afecto a su mujer Andrómaca que le proporcionaba compañía placentera y a su hijito, por el que sentía lazos de apego biológico Culturalmente, se sentía parte de Troya Y compartía con los troyanos la lengua, las costumbres y las tradiciones. Además, desde pequeño le habían educado para que fuese un buen guerrero al servicio de su ciudad y se le dijo que la cobardía era algo aborrecible, indigno de un hombre. Si traicionaba a los suyos, Héctor sabía que se vería despreciado y que le castigarían de uno u otro modo. De modo que también estaba bastante programado para actuar como lo hizo, ¿no? Y sin embargo...

Sin embargo, Héctor hubiese podido decir: ¡a la porra con todo! Podría haberse disfrazado de mujer para escapar por la noche de Troya, o haberse fingido enfermo o loco para no combatir, o haberse arrodillado ante Aquiles ofreciéndole sus servicios como guía para invadir Troya por su lado más débil; también podría haberse dedicado a la bebida o haber inventado una nueva religión que dijese que no hay que luchar contra los enemigos sino poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Me dirás que todos estos comportamientos hubiesen sido bastante raros, dado quien era Héctor y la educación que había recibido. Pero tienes que reconocer que no son hipótesis imposibles, mientras que un castor que fabrique panales o una termita desertora no son algo raro sino estrictamente imposible. Con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, mientras que con los animales o con otros seres naturales sí por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podernos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Te dirán: « ¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?» En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: «¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra... »Pero yo estoy seguro de que nadie   cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como una termita. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: «Si tú hubieras querido... »

Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la antigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen más remedio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. « ¡Para, ya está bien, no me pegues más! », le decía el otro. Y el filósofo, sin dejar de zurrarle, continuó argumentando: « ¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático. »Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, pero no debes utilizarla más que en último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marciales...

En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. 







 

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